30.5.12

El radio y el reloj


El sol atravesando las hojas dibujando claroscuros a mi alrededor, los pájaros cantan en esas ramas que me llenan de sombra. La música acompaña los cánticos de las aves. El tiempo pasa y pasa. Y pasa un poco más. 
Llevo bastante tiempo aquí sentado en esta banca esperando, mirando al vacío. Dejando pasar el tiempo.
Todo lo que había planeado ya lo llevé a cabo, o ya no sirve de nada. Ya no quiero llevarlo a cabo. Ya no tiene sentido. La mujer que tuve se fue. Se la jalaron al más allá. La flaca se la llevó consigo. 
Mis hijos… ¿mis hijos?, ¿cuáles hijos? Se desentendieron de mí, me hicieron a un lado o ellos se hicieron a un lado. 
Sigo con mi camino pero lentamente ya no queda mucho tramo que recorrer. Sigo con mi camino, solo de nuevo, o tal vez solo por primera vez. Difícil decirlo, difícil con tanta memoria a cuestas, tantas arrugas en el rostro, tantos años transcurridos.
Los lentes pesados para poder ver lo poco que aún quiero ver, ¿para qué? Ya ando en las últimas.

Hoy el día ha estado soleado, escucho un poco el radio, la música que ya difícilmente puedo yo considerar como música, puros tamborazos y guitarrazos horribles. 
El segundero del reloj aquí al lado del radio, sobre la banca, marcando los segundos que se hacen minutos, uno más después del que ya pasó, antes de aquel que ya vendrá, que ya viene, que se consume ahora mismo. 
Sentado aquí en el parque en esta banca no tan vieja como yo, pero aún así ya desvencijada. Contando los minutos que transcurren, escuchando música y matando el tiempo. Escuchando los minutos que ya le quité a mi vida. Matando el tiempo, lentamente matándome a mí mismo.  
  

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